Contácteme!

Use la información a la derecha para mandarme un mensaje. Me encantaría que nos conectáramos. 

 

 

         

123 Street Avenue, City Town, 99999

(123) 555-6789

email@address.com

 

You can set your address, phone number, email and site description in the settings tab.
Link to read me page with more information.

Carta de una inmigrante que se atrevió a soñar a un dreamer

Blog

En este blog comparto mis pensamientos, experiencias, y lecciones. 

 

Carta de una inmigrante que se atrevió a soñar a un dreamer

Edith Bracho-Sanchez

Cuando tenía 18 años entré a la oficina de mi profesor de química orgánica y le pedí que me diera el examen final un mes antes. Me miro confundido- “¿que pasa Edith?” “Señor, me tengo que ir del país en un par de semanas” le dije yo. Mi papá me fue a buscar a mi dormitorio unos días después. Con los ojos aguados se disculpo una y otra vez por “haberme fallado.” No papi, no me fallaste, nuestro regreso a Venezuela me hizo la mujer que soy hoy. Y es que hoy, mientras la administración del señor Trump amenaza con suspender DACA, quiero compartir con todos los dreamers lo que pasó antes, durante, y después de mi regreso a Venezuela.

Les quiero contar que desde los 14 hasta los 18 años yo estudie en la secundaria y en la universidad con adolescentes Americanos. También soñé con adolescentes americanos, como si yo también tuviera derecho de soñar. A veces creo que soñé hasta mas que mis amigos Americanos. Y es que yo quería ser médico, ayudar a la gente, viajar por el mundo aprendiendo y ayudando, y una vez que mi inglés mejorara un poquito, quería usar mi voz para hablar de la salud y de las necesidades de las comunidades inmigrantes. El día que tuve que regresar a Venezuela, sentí que todos mis sueños se habían roto. Lloré hasta que los ojos, la cabeza, y el cuerpo entero me dolieron. Lo que no sabía entonces, y lo que quiero compartir con ustedes ahora es esto: nada, nada, podía evitar que esta inmigrante siguiera soñando. Mis sueños se habían convertido en una parte de mi

  Con las mismas maletas que habíamos llegado a este país nos regresamos a Venezuela. En poco tiempo me di cuenta que el país al que había llegado no era el mismo país donde yo había crecido. Ahora había escasez de comida, las universidades estaban en paro, y el día a día era como decimos en Venezuela “un solo rollo.” Me dijeron que sin “palanca” o conexiones, no iba a poder entrar a la universidad donde yo quería estudiar medicina. Lo que no sabían era que yo obtendría la calificación mas alta en el examen de admisión, y no me iban a poder quitar mi cupo. Todas las mañanas me levantaba a las 5 y emprendía el viaje a la universidad en Caracas, con fe y con alegría. Mis papás habían conseguido trabajo a 12 horas, así que me quedé con una prima y trabajaba por las noches. ¿Qué hacía? Enseñaba Inglés, porque era lo único que sabía hacer en ese entonces.

Un año después, por aquellas cosas del destino, mi papá- el mismo papá que se había disculpado con los ojos aguarapados- encontró una forma de regresar a este país. La muchacha que regresó no era la misma que se había ido. Mis familia había sacrificado mucho, yo había trabajado muy duro y había visto demasiado sufrimiento. Ahora soy pediatra, he viajado por el mundo, he ayudado a muchos niños, y mi Inglés es lo suficientemente bueno que hasta me dejan hablar en televisión nacional.

            Mi querido dreamer, quiero que sepas que para ti también es demasiado tarde- tus sueños, los retos que has superado, tu gratitud por los sacrificios de tu familia, te han cambiado para siempre. Cuando este mundo vea tu determinación, tu talento, la luz, y el amor que vienen de ti, el universo va a conspirar para ayudarte. No hay borde, estatus legal, o ley alguna que pueda contener todo lo que tu representas. Confía en ti, y confía en tu destino.