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Blog

En este blog comparto mis pensamientos, experiencias, y lecciones. 

 

Los Deseos de un Médico para el Año Nuevo

Edith Bracho-Sanchez

En el espíritu de reflexión, me tomé un momentito para escribir algunos de mis deseos para este año 2018. Sé que le puse de titulo a esto “Los Deseos de un Médico para el Año Nuevo” pero tengo que confesar que en realidad son los deseos de una mujer Venezolana-Americana, quien además es médico- pediatra para ser exactos. Y es que mis deseos son muy míos, muy específicos de quien yo soy y me encantaría compartirlos con ustedes.

1.     En esta profesión tan loca que escogí, donde los turnos son larguísimos y las emociones corren a flor de piel, ruego que el cansancio no destruya nunca mi compasión por los demás. Virgencita, por favor mantenme humana.

2.     También deseo que el cansancio no destruya nunca mi amor por aprender. Por favor Dios, que no pierda la curiosidad.

3.     Deseo también seguir gozando de buena salud y de mucha fuerza de espíritu para que mis manos sigan sanando y mis palabras sigan dando aliento a todos los que lo necesiten.

4.     Donde sea que la vida me lleve este año- y mi familia y amigos saben que podría ser a una cantidad enorme de lugares- deseo dar y recibir con el corazón abierto.

5.     Deseo también tener el valor de vivir de acuerdo a mis creencias, con mis valores como mi único compás.

6.     Le ruego a Dios que me ayude a desear nada mas cosas que son verdaderas, honestas, buenas, y puras.

7.     También ruego y deseo que este país elija proteger a todos los niños que viven con el miedo de ser separados de sus padres. Espero que encontremos maneras de ayudarlos a convertirse en adultos sin miedo, fuertes y decididos a servir de ejemplo de tolerancia y amor en nuestra sociedad.

8.     Deseo que todos los sueños de los soñadores se mantengan vivos mientras este país encuentra una solución permanente para su situación. Perseguir sus sueños nunca debió convertirse en una pelea. Pero aquí estamos, así que diosito, virgencita, denles fuerza y valor para seguir en la lucha.

9.     También deseo con todo mi corazón que el mundo encuentre una manera de ayudar a los niños de mi amada Venezuela. Espero que los ayudemos a encontrar comida, alivio, un techo (cosas tan básicas en realidad) para que puedan volver a ser niños que sueñan y aspiran, así como lo hice yo un día.

10. Por último Dios mío enséñanos a darnos la mano los unos a los otros, a tolerarnos, a amarnos. Ayúdanos a encontrar todas las cosas hermosas que tenemos en común, para así mirar al futuro juntos. Amen.

 

 

 

Querido Padre Americano: ¿tu que harías?

Edith Bracho-Sanchez

Querido padre Americano- en los últimos años he tenido el honor de servirte a ti y a tu hijo cuando se encontraban en sus momentos mas vulnerables. Como pediatra, he trabajado contigo para mantener a tu hijo saludable y para ayudarlo a superar sus momentos mas difíciles. Cuando me diste el privilegio y el honor de ser parte de tu equipo, yo sabia que no habría nada en este mundo a lo que no estuvieras dispuesto por tu hijo.

Y tenia razón. Te he visto traer a tu hijo a mi oficina cuando estabas preocupado, con una lista de preguntas para mi. Te he visto pasar la noche en vela al lado de la cama del hospital de tu hijo, preguntándome si había algo mas que le pudiera yo dar para que estuviera mas cómodo. Te he visto cruzar el país y el mundo, buscando a la persona que le pueda dar a tu hijo una esperanza. Cuando sentiste que tu hijo corría peligro, te he visto desafiar toda regla y todo burocracia; has salido gritando en la mitad de la noche pidiendo hablar conmigo. Has mandado correos al presidente del hospital. Te has negado a irte del hospital porque sencillamente no te sentías seguro. Y yo he respetado tu lucha y tu dedicación a tu hijo aun mas.

¿Qué harías entonces, si por cosa del destino hubieras traído a tu hijo al mundo en el país equivocado? ¿Qué pasaría si no tuvieras forma de garantizarle a tu hijo que su hogar es un lugar seguro? ¿qué si la comida, la ropa, o el futuro no estuvieran garantizados? Y lo que es mas, ¿qué pasaría si las leyes y regulaciones existentes no te permitieran salir de ese lugar?  Mi querido padre Americano, tu y yo sabemos exactamente lo que harías. Tomarías a tu hijo hermoso y correrías, correrías tan rápido como te permitan tus piernas. No habría regla, o ley, o muro, o reja, o gobierno alguno que pudiera detenerte en tu misión de tratar de darle a tu hijo todo lo que este mundo ofrece. No tendrías miedo y no te detendrías ante nada.

 

Carta de una inmigrante que se atrevió a soñar a un dreamer

Edith Bracho-Sanchez

Cuando tenía 18 años entré a la oficina de mi profesor de química orgánica y le pedí que me diera el examen final un mes antes. Me miro confundido- “¿que pasa Edith?” “Señor, me tengo que ir del país en un par de semanas” le dije yo. Mi papá me fue a buscar a mi dormitorio unos días después. Con los ojos aguados se disculpo una y otra vez por “haberme fallado.” No papi, no me fallaste, nuestro regreso a Venezuela me hizo la mujer que soy hoy. Y es que hoy, mientras la administración del señor Trump amenaza con suspender DACA, quiero compartir con todos los dreamers lo que pasó antes, durante, y después de mi regreso a Venezuela.

Les quiero contar que desde los 14 hasta los 18 años yo estudie en la secundaria y en la universidad con adolescentes Americanos. También soñé con adolescentes americanos, como si yo también tuviera derecho de soñar. A veces creo que soñé hasta mas que mis amigos Americanos. Y es que yo quería ser médico, ayudar a la gente, viajar por el mundo aprendiendo y ayudando, y una vez que mi inglés mejorara un poquito, quería usar mi voz para hablar de la salud y de las necesidades de las comunidades inmigrantes. El día que tuve que regresar a Venezuela, sentí que todos mis sueños se habían roto. Lloré hasta que los ojos, la cabeza, y el cuerpo entero me dolieron. Lo que no sabía entonces, y lo que quiero compartir con ustedes ahora es esto: nada, nada, podía evitar que esta inmigrante siguiera soñando. Mis sueños se habían convertido en una parte de mi

  Con las mismas maletas que habíamos llegado a este país nos regresamos a Venezuela. En poco tiempo me di cuenta que el país al que había llegado no era el mismo país donde yo había crecido. Ahora había escasez de comida, las universidades estaban en paro, y el día a día era como decimos en Venezuela “un solo rollo.” Me dijeron que sin “palanca” o conexiones, no iba a poder entrar a la universidad donde yo quería estudiar medicina. Lo que no sabían era que yo obtendría la calificación mas alta en el examen de admisión, y no me iban a poder quitar mi cupo. Todas las mañanas me levantaba a las 5 y emprendía el viaje a la universidad en Caracas, con fe y con alegría. Mis papás habían conseguido trabajo a 12 horas, así que me quedé con una prima y trabajaba por las noches. ¿Qué hacía? Enseñaba Inglés, porque era lo único que sabía hacer en ese entonces.

Un año después, por aquellas cosas del destino, mi papá- el mismo papá que se había disculpado con los ojos aguarapados- encontró una forma de regresar a este país. La muchacha que regresó no era la misma que se había ido. Mis familia había sacrificado mucho, yo había trabajado muy duro y había visto demasiado sufrimiento. Ahora soy pediatra, he viajado por el mundo, he ayudado a muchos niños, y mi Inglés es lo suficientemente bueno que hasta me dejan hablar en televisión nacional.

            Mi querido dreamer, quiero que sepas que para ti también es demasiado tarde- tus sueños, los retos que has superado, tu gratitud por los sacrificios de tu familia, te han cambiado para siempre. Cuando este mundo vea tu determinación, tu talento, la luz, y el amor que vienen de ti, el universo va a conspirar para ayudarte. No hay borde, estatus legal, o ley alguna que pueda contener todo lo que tu representas. Confía en ti, y confía en tu destino.

El Mejor Regalo de Navidad

Edith Bracho-Sanchez

Conocí al niño del que les quiero contar cuando se estaba muriendo. Su cuerpecito estaba sufriendo los efectos de una terapia tóxica que lo curaría o lo mataría. Estuvimos al pie de su cama toda la noche. Para mí, eso significaba una larga guardia- 28 horas para ser precisa. Para su mamá, esa noche probablemente era una mas de muchas sin dormir.

“¿Cómo lo vamos a sacar de esta?” pensé en ese momento. Casi al mismo tiempo el medico supervisor le dijo a su mamá “Lo vamos a sacar de esta” y mi único pensamiento en ese momento “Dios mío.”

Muchos fluidos, antibióticos, y diuréticos después, se estabilizó.

Los días pasaron, y lentamente su cuerpo empezó a parecer mas y mas como el de un niño. Después vino la espera- necesitaba terminar de recuperarse para que le hiciéramos la siguiente ronda de exámenes.

¿Habría valido todo esto la pena? Yo sabia que todos nos estábamos haciendo la misma pregunta, pero nadie decía nada. Y de repente, así como así, lo pasaron a otra unidad.

Su vida y mi entrenamiento tomaron distintos caminos….hasta una Noche Buena. Durante el turno de la noche, y justo cuando estaba empezando a extrañar a mi familia, me encontré con su mama en el ascensor del hospital. “Pasa por nuestro cuarto, te tenemos una sorpresa.”

“Pasa, pasa, siéntate” Habían juguetes por todos lados. El niño al que yo tanto recordaba estaba jugando con su hermana y se estaba riendo. No se veía para nada como el niño que había conocido y tratado.

Tenía vida y luz en sus ojos.

Su mamá lo miró  y después me miró a mi- “Nada mas le queríamos contar algo” Yo me quedé callada, esperando “Esta semana nos dijeron que por primera vez desde que tenia 2 años- ¡ ya no tiene cáncer!”

Yo la mire y no lo podía creer. Nos abrazamos y las lagrimas corrieron. Y en ese momento, en ese abrazo, le encontré sentido a mi vida loca de medico y al universo a mi alrededor. La paz me inundó el alma y mi propósito en esta vida se vio renovado.

 

 

 

Delineador

Edith Bracho-Sanchez

Su delineador y el mío eran idénticos. Nos vimos y supimos de inmediato- “¿Tu eres Venezolana verdad?” El acento lo confirmó. Empezamos a hablar a mil por hora de nuestro país adorado, las dos seguras de que la otra estaba siguiendo la conversación. Se nos hacia fácil hablar y cuando ya nos estábamos poniendo cómodas, volvimos a la realidad. Ella necesitaba hacerse las pruebas de enfermedades de transmisión sexual, y era trabajadora sexual.

La mire a sus ojos delineados y le dije- “Tu si eres valiente chica”

La que no fue valiente ese día fui yo. Me moría por hacerle un millón de preguntas, las cuales probablemente reflejan mis propios prejuicios sobre su trabajo- ¿por que irse de Venezuela para venir a la República Dominicana a trabajar en la industria del sexo? ¿Quien la protegía de los hombres que le quisieran hacer daño? ¿Tenia un lugar seguro al final del día?

No le hice ninguna de estas preguntas. La verdad es que no tengo ni idea si las hubiera contestado, pero ese día le negué la oportunidad de contar su historia. ¿Por que? Porque vi mucho de mi misma en ella yo creo, y me asustó en el alma.

“Que suerte tienes de tener una profesión” me dijo antes de irse, mirándome a mis ojos delineados.